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Jugando fuera de la cancha
Todo parece indicar que por detrás de los últimos hechos políticos en Bolivia se cobijó un intento de Golpe de Estado protagonizado por el ex presidente Carlos Mesa, quién pretendió cerrar el Congreso y permanecer en el gobierno.

Redacción

Durante mucho tiempo Bolivia era muy conocida en los círculos de estudiosos mundiales de sociología y política. La razón no era como para llenarse de orgullo. En aquel entonces éramos un país tradicional en Golpes de Estado y tuvimos dictadores que no superaron algunos meses de gobierno. Alberto Natusch, en 1979, ni siquiera cumplió tres semanas en Palacio Quemado.
Sin embargo, ante la continuidad en los gobiernos constitucionales desde el retorno de la democracia en 1982, se creyó haber alcanzado la estabilidad política. Perdimos la mala fama pero, como veremos en esta nota, no las malas costumbres. 
Hace dos semanas atrás Carlos Mesa había anunciado su intención de dejar la Presidencia de la República, y el Congreso Nacional se reunía en Sucre para conocer su renuncia y, en caso de aceptación, nombrar su sucesor. Según lo establecido en la Constitución boliviana, en caso de la renuncia del Presidente, se recurrirá al Vicepresidente (que en este caso ya era Carlos Mesa) y en caso de su salida la sucesión le correspondía al Presidente del Senado, al Presidente de la Cámara de Diputados y al Presidente de la Corte Suprema de Justicia en esa estricta prelación. 
La aceptación de su pedido era inminente: las malas relaciones entre ambos poderes eran de conocimiento público y hubieron incluso algunos momentos en que intercambiaron acusaciones de diferentes tipos. Mesa había perdido también gran parte del apoyo de las calles y la presión ejercida por los movimientos sociales fue demasiada, incluso para la popularidad del ahora ex presidente.
Concientes de la salida de Mesa, los sectores movilizados dirigían su presión por la renuncia de los Presidentes de ambas cámaras a la sucesión constitucional en favor del Presidente de la Corte Suprema de Justicia y la convocatoria a elecciones generales para renovar ambos poderes y devolver legitimidad al sistema político.
El panorama se revelaba más complicado debido a la falta de un liderazgo político común al desorden de las movilizaciones. A pesar de lo que aparentaba, la presión no estaba liderada por el Movimiento al Socialismo (MAS) del cocalero Evo Morales. Ellos sólo controlaban a la facción de la Central Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB) de Román Loayza, quien también es Senador suplente del MAS. Los demás sectores movilizados, la Central Obrera Boliviana (COB), el magisterio Urbano y Rural, la Federación de Juntas Vecinales (FEJUVE) de El Alto y los cooperativistas mineros que demandaban la nacionalización de los hidrocarburos seguían cada uno a sus diferentes mandos, respondiendo a intereses propios– incluido un supuesto financiamiento del MNR -, mientras el MAS y Román Loayza reivindicaban la aplicación de un régimen de regalías del 50 por ciento sobre la producción petrolera. 
Durante casi tres semanas de marchas, movilizaciones, bloqueos y paros, La Paz estuvo prácticamente cercada; mientras diferentes sectores tomaban turnos intentando entrar a la Plaza Murillo, corazón de los Poderes Ejecutivo y Legislativo nacionales, para tomar la sede del Congreso Nacional e incluso el Palacio de Gobierno.
La Policía Nacional mantuvo a los manifestantes alejados con chorros de agua y gases lacrimógenos en sucesivas batallas en el centro paceño. Era perfectamente posible la reedición de jornadas sangrientas como en octubre de 2003. Las amenazas de llevar las movilizaciones a los barrios residenciales de La Paz obligó la improvisación de Comités de Defensa formados por los vecinos de esas zonas que lograron impedir esas intimidaciones. Pero el fantasma de la violencia estaba presente. 
A pesar de ello, las posiciones radicales cobraban mayor protagonismo en diferentes lugares. En Santa Cruz, un grupo de jóvenes que pertenece a la Unión Juvenil Cruceñista, agredió físicamente a algunos marchistas campesinos. Y recibieron duras críticas de las movilizaciones sociales, incluso la amenaza de formar un grupo de voluntarios alteños para ir a Santa Cruz a enfrentarlos.
Mientras el Congreso no iniciaba sus sesiones en La Paz y ante un panorama sombrío, Mesa rompió finalmente su silencio. Acompañado del Alcalde de El Alto usó una vez más la televisión para dirigirse a la ciudadanía: pedía una tregua en las movilizaciones para que pudiesen ingresar alimentos y combustibles a la ciudad de La Paz, advertía sobre los perjuicios económicos a El Alto y los riesgos de la unidad nacional. Pero tuvo el cuidado de agregar un mensaje adicional: advirtió públicamente a Hormando Vaca Díez, presidente del Senado, a no caer en la tentación de reclamar la Presidencia por sucesión, como le correspondía. Este mensaje sugiere el inicio de una conspiración novelesca.
Algunos meses atrás, cuando Mesa se refirió a Evo Morales en otro de sus mensajes, el efecto mediático sobre el líder político fue devastador. De un momento a otro, Evo Morales se desplomó en las referencias y preferencias políticas. Las disculpas publicas del Presidente a Morales, algunos días después, dieron a entender que esto no fue del todo previsto o calculado por él mismo. Pero esta vez la intención parecía ser diferente.
El mundo político se encontraba en plena efervescencia. Por una parte, un grupo de políticos ya había tocado las puertas de los cuarteles. Versiones no confirmadas señalan que se dieron reuniones entre algunos políticos y militares en casa de un importante Jefe político en La Paz. El objetivo era llevar a un General, ahora Comandante del Ejército, a la Presidencia con apoyo de sectores políticos.
Contrastando con las masivas movilizaciones en el centro de la ciudad, una pequeña manifestación frente al Gran Cuartel General de Miraflores pretendió llevar a cabo este plan. Todo concluyó con un mensaje del General Antezana, acompañado del Alto Mando Militar, rechazando la propuesta y reafirmando el apoyo de las Fuerzas Armadas al orden constitucional. 
Al parecer, el Alto Mando disuadió al General Antezana de sus intenciones con otros planes. El 8 de junio, un día antes de la reunión del Congreso en Sucre, las Fuerzas Armadas presentaron un mensaje a la nación y advirtieron que respaldarían el orden constitucional. El mensaje, ambiguo, parecía satisfacer las pretensiones de Vaca Díez al mismo tiempo en que presentaban un apoyo al Presidente Mesa. Esa misma noche un gigantesco operativo militar comenzó a desplazar 14 mil efectivos de las Fuerzas Armadas a los puntos más conflictivos del país.
El 9 de junio, mientras el Movimiento de la Izquierda Revolucionaria (MIR) y el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), intentaban lograr apoyo político para la presidencia de Vaca Díez, los parlamentarios se dirigían a la Capital de la República para instalar la sesión de Congreso ante la falta de garantías en La Paz.
Hormando Vaca Díez tenía el apoyo de algunos sectores en el Congreso, pero le hacía falta desmovilizar parte de los sectores sociales. Durante la tarde llamó personalmente a Evo Morales para conversar sobre el tema. La condición que impuso Morales fue lapidaria para sus aspiraciones: “Sólo nos podemos reunir para tratar su renuncia”, le dijo. “La renuncia es voluntaria, no presionado con dinamita en la cabeza”, replicó Vaca Díez. 
Ante la incertidumbre y para llevar las presiones a Sucre, un grupo de mineros de Oruro y Potosí habían partido hacia la Capital la víspera. A esto se sumó la huelga de hambre que iniciaron varios alcaldes del país, incluyendo Sucre, solicitando la renuncia de Vaca Díez y de Mario Cossío, presidente de la Cámara de Diputados, para entregar la Presidencia a Eduardo Rodríguez Veltzé, presidente de la Corte Suprema de Justicia, y convocar a elecciones generales.
La presión en Sucre, la Capital, comenzó a subir y los manifestantes llegaron incluso a ingresar a la Plaza principal. Los parlamentarios fugaron como pudieron a sus hoteles pero no podían dejar la ciudad por el paro de los trabajadores de la aeronavegación civil y ante la falta de los aviones solicitados por el presidente del Congreso para una eventualidad. Hormando Vaca Díez, refugiado en instalaciones militares, declaraba en varios medios de comunicación la suspensión de la sesión de Congreso en Sucre y la posibilidad de llevarla a otra ciudad del país. 
De forma paralela, y misteriosamente, un grupo de militares y policías salió a interceptar un grupo de mineros que se dirigía a la ciudad de Sucre. En circunstancias, aún no esclarecidas, hubo un enfrentamiento en el que pereció el presidente de una Cooperativa Minera, Carlos Coro Mayta, de 53 años de edad, y con otros heridos de bala. La pericia médica estableció que Coro Mayta habría fallecido instantáneamente por una bala de guerra, aunque no se encontró el proyectil en su cuerpo.
En la Prefectura del Departamento, un grupo de parlamentarios conversaba con el prefecto buscando apoyo para sesionar al día siguiente, cuando éste recibió una llamada telefónica. Al colgar el teléfono, molesto, le dijo a Hormando Vaca Díez: “Ahora ya no puedo garantizarles nada, he sido conminado a dejar entrar a los mineros a Sucre”. Del otro lado de la línea estuvo Jorge Cortez, delegado presidencial para Asuntos Parlamentarios, quien también se encontraba en Sucre. Curiosamente esta persona, representante del Poder Ejecutivo en esa Sesión de Congreso (que trataría la renuncia del presidente), olvidó la formalidad de presentar la Banda y la Medalla Presidencial al Congreso de la República, en caso de que se diese la figura de un nuevo presidente, sea quien fuere.
Las intenciones parecían más claras. Mesa nunca quiso renunciar. Lo hizo tres veces. La primera vez fue rechazada por el Congreso, la segunda fue verbal, cuando envió al Congreso una solicitud para el adelantamiento de elecciones generales, amenazando con presentar su renuncia irrevocable en caso de que esta iniciativa fuese rechazada. La propuesta fue rechazada (es más ni siquiera fue apoyada por sus parlamentarios afines) y él se presentó ante las cámaras diciendo casi mesiánicamente “no los voy a dejar solos”, descartando su renuncia. Esta vez, alentado por su círculo cercano y su propio ego, Carlos Mesa estaría, en realidad, dando un Golpe de Estado.
El objetivo era demostrar la incapacidad del Congreso para llevar adelante la sesión, revelar los planes de Hormando Vaca Díez y provocar el cierre del Congreso en Sucre por los sectores más radicales.
Algunos días después de su salida, en una entrevista a un medio de comunicación colombiano, Mesa reveló que tenía un plan de contingencia en caso de que el Congreso no llegase a reunirse. Consultado sobre el plan respondió evasivamente, sosteniendo que ya no tenía sentido referirse a él pues el Congreso había adoptado ya una decisión.
Su plan de contingencia casi funciona. La conspiración comenzaba por llevar la sesión de Congreso a Sucre. Ésa era la parte más sencilla. Hormando la aceptaría pues dedujo que tendría más oportunidades en la capital de la República sin la resistencia social que tenía en La Paz. Este paso era elemental, porque el golpe comenzaba con la turba cerrando el Congreso (que en todo caso hizo los méritos necesarios para llevarse el premio de la impopularidad) pero sin exponer a la misma suerte a Palacio de Gobierno. La segunda parte era movilizar las Fuerzas Armadas para mantener el control del país después de la toma del Congreso. La tercera y final era un nuevo mensaje del presidente Mesa desde Palacio de Gobierno pidiendo pacificar el país y asumiendo el compromiso de convocar a elecciones para la Asamblea Constituyente, el referéndum sobre autonomías y la elección de Prefectos, pero permaneciendo en la Presidencia hasta agosto de 2007.
Se había revelado una conspiración detrás de otra. Hormando Vaca Díez convocó la sesión de Congreso para esa misma noche. La renuncia de Mesa fue aceptada por unanimidad, sin siquiera el apoyo de sus parlamentarios. Vaca Díez y Cossío renunciaron a la sucesión constitucional y Eduardo Rodríguez Veltzé, presidente de la Corte Suprema de Justicia, asumió el mando de la nación con el compromiso de convocar a elecciones generales en el menor plazo posible.
Ante estas evidencias algunos parlamentarios han solicitado que se investigue formalmente el comportamiento del ex presidente Mesa y sus intenciones durante estos días de crisis, que podrían derivar en un Juicio de Responsabilidades. Lo cierto es que si no quiso deliberadamente dar un Golpe de Estado generó con sus actitudes las condiciones precisas para que ello sucediera.

 
 

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Última actualización: 26 de April de 2005 06:51 PM