Editorial y opinión Noticias Entretenimiento Enlaces Archivo
 
Editoriales
Opinión
Columnas
Correspondencia
Ediciones

Diciembre 2003

No. 1

Editoriales - Archivo

Miércoles Negro, 1 de mar, 2003

Hace una semana esta columna se refirió a la fatalidad y su vinculo con la arrogancia, cuando se cree tener todo bajo control. Preguntamos en esa ocasión si los líderes políticos podrían controlar fuerzas del orden y manifestantes enfurecidos en un conflicto. 
Es una verdadera pena que la fatalidad se haya abierto camino a través de la sangre de hermanos bolivianos para demostrarnos que no estábamos lejos de la realidad.
Habíamos pedido humildad en el accionar político para evitar provocar la fatalidad. Lamentablemente ha sido justamente la falta de tolerancia y la arrogancia que se han llevado las vidas de, hasta ahora, más de veinticinco personas; civiles, militares; policías y hasta personal médico cumpliendo labores humanitarias.
Para qué siquiera mencionar las pérdidas materiales, cuando el balance de las pérdidas humanas aún siquiera puede ser comprendido. Y se supone que todavía debamos agradecer el hecho de que todo esto se haya detenido, cuando no tuvimos nada que ver con su provocación.
Bolivia debe encontrar el camino de la paz antes de poder sentarse a discutir sobre otros problemas. Las diferencias políticas no pueden superarse sin el compromiso del más elemental respeto a las libertades y derechos de los demás. Al cumplimiento estricto de aquello que forma el marco más esencial de nuestra sociedad: nuestra Constitución.
Para ello todos y sin excepción, todos, debemos reafirmar públicamente la voluntad de encontrar soluciones pacíficas a los conflictos internos preservando la vida de nuestros compatriotas. Éste debe ser el primer consenso nacional hacia una sociedad civilizada donde se respeten los derechos de todos los bolivianos.

Se acerca la hora de la verdad, 1 de octubre de 2003
La proximidad de la decisión sobre la exportación del gas natural ha comenzado el conteo regresivo hacia el ajuste de cuentas. Bolivia debe encontrarse en uno de los puntos de inflexión más delicados de toda su historia. Y es que las fuerzas que actúan en este momento tienen no solo perspectivas distintas, son además incapaces de ofrecer opciones serias para buscar consensos. Por una parte, un sistema político formal agotado, casi sin ninguna credibilidad, incapaz de articularse a si mismo; por otra, reivindicaciones sociales que al haber fracasado en el intento de generar propuestas políticas alternativas, tratan de revertir en minutos décadas de atraso y marginalidad. 
Todo parece indicar que el ciclo de vida de los partidos políticos “tradicionales” ha terminado. Con muchas denuncias de corrupción, tráfico de influencias, poca transparencia interna y falta de renovación, han perdido el apoyo de las mayorías del país. En las dos últimas gestiones constitucionales, han sido necesarias alianzas de tres o cuatro partidos políticos para obtener gobernabilidad en el Congreso, y los ganadores nunca superaron un tercio de la votación nacional. La falta de opciones de este momento obedece no solo a la falta de apoyo a sus gestiones, sino también a una carencia de autoridad moral que les impide imponer el orden.
Por la otra parte surge una articulación entre un líder con sigla de alquiler que representa gran parte de la ilegalidad del país y diferentes sectores sociales con ideas trasnochadas que encontraron ahora el momento oportuno para lanzar propuestas puramente demagógicas contra el sistema económico y político. 
El tema de la exportación del gas es solo una excusa. No cabría en el sano juicio de nadie el sentarse sobre el oro mientras se muere de hambre. Para Bolivia el tema de la exportación del gas puede ser la diferencia entre la pobreza y el desarrollo. Habiendo gas suficiente para el consumo interno, y excedentes que viabilizan su exportación en gran escala, no parecen ser justificados los argumentos en contra de su exportación. Sin embargo las movilizaciones sociales giran en torno a la manipulación de la información y la presión de los sistemas sindicales sobre sus asociados.
Y es que el objetivo es otro. La oposición busca acorralar al gobierno porque percibió su falta de solidez y apoyo social. Buscan claramente elevar su caudal político para las elecciones municipales del próximo año y las siguientes elecciones generales. No existen propuestas económicas alternas para salir de la crisis, no hay propuestas serias sobre un nuevo orden social. Solo el riesgo de convertirnos en un gran productor de drogas y agrandar la brecha de nuestro atraso con relación a los países industrializados. Un gran bloqueo en el camino hacia el futuro.
Esta es la realidad de Bolivia en este momento. Cabe ahora la pregunta de qué tipo de Estado queremos, o peor, qué tipo de Estado podrá salir de esta confrontación. Ciertamente un cambio en la política de conducción del país ayudaría mucho, pero la preservación del orden y del sistema democrático se impone sobre todas las opciones. La gran lección es que Bolivia no puede pertenecer a algunas minorías, sean éstas de cualquiera de los extremos.
 
Lo cortés no quita lo valiente, 11 de Noviembre de 2003
La situación política del país no es de las mejores. Eso lo sienten hasta los niños. Sin embargo algunos dirigentes campesinos parecen no percibirlo y se lanzan en ataques que rayan en lo personal y ofenden no solo la dignidad de las personas, sino mucho más allá de ello faltan el respeto al colectivo ciudadano.
Felipe Quispe no es muy conocido por su respeto a las personas. Es conocido más bien por su eterna falta de ubicación, por sus antecedentes terroristas y por su aparente valentía con la que intenta mantener arrinconado al resto del país como matoncito en recreo. 
Por su parte Evo Morales, sin siquiera asumir su parte de responsabilidad en los recientes hechos políticos (que sí la tuvo), se siente envalentonado al punto de tildar al Presidente de la República como cobarde.
Si hay algo que reconocer de los actuales miembros del Poder Ejecutivo, por encima de sus méritos profesionales, es justamente el desprendimiento e hidalguía con que asumen la responsabilidad de conducir al país en un momento tan delicado. Y es justamente por ello que merecen el mínimo respeto.
Ya es tiempo que los dirigentes políticos aprendan a dirigirse a la gente, no solo a sus interlocutores y a sus representados, sino al conjunto del país que tenemos que aguantar las consecuencias de su obstinación y sus constantes amenazas. 
Waldo Albarracín, nuevo Defensor del Pueblo: Legitimidad y Desafíos, 12 de Diciembre de 2003
Luego de casi ocho meses de un convulsionado proceso, el jueves 11 de diciembre se produjo la elección de Waldo Albarracín como Defensor del Pueblo. Más allá de la aparente aprobación de los sectores sociales, cuáles son los puntos a favor, los puntos en contra y los desafíos a los que el nuevo Defensor del Pueblo tendrá que enfrentarse.
En principio, conviene tener en cuenta el amplio consenso que tenía su elección en el seno de los movimientos sociales, lo que le otorga una sólida base sobre la cual sustentar su labor. 
Por otra parte, la elección del ahora ex presidente de la APDHB pacifica el país; no sabemos qué hubiera ocurrido si es que la elegida era Roxana Gentile, pero, seguramente, habríamos tenido enfrente un panorama político y social no del todo alentador.
Al mismo tiempo, la amplia experiencia desarrollada por el nuevo Defensor del Pueblo en la Asamblea Permanente de Derechos Humanos le otorga una credencial que lo pone, probablemente, como la persona más apta, de todos los candidatos que se tenían la posibilidad de acceder al cargo.
Sin embargo, este hecho significa también una serie de desafíos que Albarracín tendrá que superar en el futuro. En primer lugar, debe terminar de consolidar la institución, labor emprendida con éxito por Ana María Romero de Campero. Al respecto, conviene tener en cuenta que hoy en día la Asamblea Permanente de Derechos Humanos no ha logrado el mismo peso que la Defensoría, consolidada, esta última, en un lapso menor a cinco años.
En segundo lugar, conviene también tener en cuenta que el carácter “independiente” del actual defensor se ha visto afectado debido a la presión política que ejerció el MAS para su elección, lo que ocasionó la polarización en el parlamento. Este, probablemente, sea uno de los desafíos más importantes que Albarracín deba superar. 
Por otra parte, su nueva labor precisará de un cambio en la forma de actuar, el Defensor del Pueblo, constituye, indudablemente, una institución que, aunque difiere sutilmente de la Asamblea Permanente de Derechos Humanos en lo que a la línea y fundamentos se refiere, implica una serie de aspectos sobre los que el nuevo defensor deberá actuar. He ahí, el segundo desafío, es decir, evitar entender la labor de la Defensoría del Pueblo con la misma lógica con la que entendió la de la Asamblea Permanente. Esto implica, al mismo tiempo, propiciar la independencia y autonomía de ambas instituciones.
Por último, la relación con el oriente parece resquebrajada, si es que alguna vez existió alguna. De hecho, la “media luna” del oriente se oponía a la elección de Albarracín. Su trabajo, consistirá entonces, en demostrar su independencia de occidente y propiciar un acercamiento directo con el oriente. 
 
 

Principal ] Arriba ]

Si deseas enviar tus comentarios o requieres información nuestra comunícate con nosotros a estas direcciones: 
Información:         informaciones@comoes.com
Sugerencias:         sugerencias@comoes.com 
Soporte usuario:  usuarios@comoes.com
Administrador:     webmaster@comoes.com
Copyright © 2005 Como Es
Última actualización: 26 de April de 2005 06:51 PM